El Conde de Montecristo

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Capítulo CVII

El foso de los leones

Uno de los edificios de la prisión La Force, en el que están los detenidos más comprometidos y los más peligrosos, se llama el patio Saint-Bernard.

Los presos, en su enérgico lenguaje, le pusieron el nombre de foso de los leones, probablemente porque los reclusos tienen dientes que muerden a menudo los barrotes, y a veces incluso a los guardianes.

Es una prisión dentro de la prisión; los muros tienen el doble de grosor que los demás; cada día, un guardián sondea con cuidado las rejas macizas, y se reconoce en estos guardianes, de estatura hercúlea y miradas frías e incisivas, que han sido seleccionados para reinar sobre su pueblo por el terror y por la actividad de la inteligencia.

El patio de ese edificio está encuadrado entre muros enormes, sobre los que el sol se desliza oblicuamente, cuando se decide a entrar en ese abismo de fealdades morales y físicas. Es allí, sobre el suelo, por donde vagan desde la hora de levantarse, pensativos, despavoridos y macilentos, como sombras, los hombres que la justicia tiene agachados bajo la cuchilla mientras la afila.


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