El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Pobre buena mujer! —dijo Debray—. Estará sin duda ocupada destilando agua de melisa para los hospitales, y elaborando cosméticos para ella y para sus amigas. Usted sabe que en ese entretenimiento gasta dos o tres mil escudos al año, por lo que dicen. De hecho, tiene usted razón, ¿por qué no está aquí la señora de Villefort? Me gustaría verla; me gusta mucho esta mujer.

—Pues yo —dijo Château-Renaud— la detesto.

—¿Por qué?

—No lo sé. ¿Por qué nos gusta alguien? ¿Por qué detestamos a alguien? Yo la detesto por antipatía.

—O por instinto, también.

—Quizá…, pero volvamos a lo que decía usted, Beauchamp.

—Y bien —repuso Beauchamp—, ¿no tienen ustedes, señores, curiosidad por saber por qué arrecia tanto la muerte en casa de Villefort?

—Arreciar…, es bonito —dijo Château-Renaud.

—Querido amigo, la palabra se encuentra ya en Saint-Simon.

—Pero la cosa se encuentra en casa del señor de Villefort; volvamos a ella, entonces.

—¡A fe mía! —dijo Debray—. Confieso que no pierdo de vista esa casa de luto desde hace tres meses, anteayer mismo, me hablaba la señora a propósito de Valentine.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker