El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —¡Oh!, una locura extraña: se cree el poseedor de un inmenso tesoro. El primer año de cautividad ofreció al gobierno un millón si este le ponÃa en libertad; el segundo año, dos millones, el tercero, tres millones, y asà progresivamente. Este es su quinto año en cautividad: pedirá hablar con usted en privado y le ofrecerá cinco millones.
—¡Ah!, ¡ah! Es curioso, en efecto —dijo el inspector—; ¿y cómo se llama ese millonario?
—El abate Faria.
—¡Número veintisiete! —dijo el inspector.
—Es aquÃ; abra, Antoine.
El carcelero obedeció y la mirada curiosa del inspector sondeó el calabozo del abate loco.
Asà era como normalmente llamaban al preso.