El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —Con una de las varillas del camastro. Con esta herramienta he excavado todo el camino que me trae hasta aquÃ; cincuenta pies poco más o menos.
—¡Cincuenta pies! —exclamó Dantès con una especie de terror.
—Hable más bajo, joven, hable más bajo; a veces escuchan detrás de las puertas de los presos.
—Pero saben que estoy solo.
—No importa.
—¿Y dice que ha excavado cincuenta pies para llegar hasta aqu�
—SÃ, esa es la distancia aproximada que separa mi celda de la suya; sólo que he calculado mal la curva por falta de instrumentos de geometrÃa para dibujar la escala de proporción; en lugar de cuarenta pies de elipse me he encontrado con cincuenta; como le dije, creÃa que llegarÃa al muro exterior, atravesarÃa ese muro y me lanzarÃa al mar. He ido a lo largo del corredor que da a esta celda en lugar de pasar por debajo; todo mi trabajo está perdido, pues ese corredor da a un patio lleno de guardias.
—Es cierto —dijo Dantès—; pero al corredor sólo da una pared de la celda, y la celda tiene cuatro caras.