El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Por lo demás, Jacopo, que al verle caer creyó que había muerto, se precipitó sobre él, le levantó y finalmente, una vez levantado, le cuidó como un excelente camarada.

Este mundo no era, pues, tan bueno como lo veía el doctor Pangloss; pero tampoco era tan malo como lo veía Dantès, puesto que ese hombre, que no tenía nada que esperar de su compañero, a no ser heredar su parte de la prima, ¿por qué sentía una aflicción tan viva al verle muerto?

Menos mal, ya lo hemos dicho, que Dantès sólo estaba herido. Gracias a ciertas hierbas recogidas en cierto momento y vendidas a los contrabandistas por unas mujeres sardas, la herida se cerró bien pronto. Edmond quiso tentar entonces a Jacopo: le ofreció, a cambio de los cuidados recibidos, su parte de las primas, Jacopo la rechazó con indignación.

De esta especie de devoción de simpatía que Jacopo había sentido por Edmond desde el primer momento en el que le vio, resultó que Edmond acordó a Jacopo una cierta suma de afecto. Pero Jacopo no pedía nada más: instintivamente había adivinado en Edmond esa suprema superioridad de su posición, superioridad que Edmond había conseguido ocultar a los demás. Y con ese poco que le concedía Edmond, el buen marinero se conformaba.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker