El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Una fiebre vertiginosa se amparó de Dantès; cogió el fusil, lo armó y lo dejó junto a él. Primero, cerró los ojos, como hacen los niños, para ver, en la noche rutilante de su imaginación, más estrellas de las que se pueden contar en el cielo aún iluminado, después, los abrió, y se quedó deslumbrado.

El cofre estaba dividido en tres compartimentos.

En el primero brillaban rutilantes escudos de oro de leonados reflejos.

En el segundo, lingotes mal pulimentados y colocados en orden, pero que no tenían de oro más que el peso y el valor.

En el tercero, en fin, medio lleno, Edmond removió a puñados los diamantes, las perlas, los rubíes, que, en cascada resplandeciente, al caer unos sobre otros, producían el ruido del granizo sobre los cristales.

Después de haber tocado, palpado, hundido sus manos temblorosas en el oro y en las piedras preciosas, Edmond se incorporó y comenzó a recorrer las cuevas con la temblorosa exaltación de un hombre que raya en la locura. Subió a un risco desde donde podía ver el mar, y no vio nada: estaba solo, bien solo, con esas incalculables riquezas, inauditas, fabulosas, que le pertenecían; ¿pero, estaba soñando o estaba despierto? ¿Tenía un sueño fugitivo o abrazaba de cerca la realidad?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker