El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —A ParÃs para entregar, sin duda, a su destinatario la carta que el gran mariscal le dio. ¡Pardiez! Esa carta me empuja a una idea, ¡a una excelente idea! ¡Ah! Dantès, amigo mÃo, todavÃa no estás inscrito en el registro del Pharaon con el número 1.
Y volviéndose hacia Edmond, que ya se alejaba:
—¡Buen viaje! —le gritó.
—Gracias —respondió Edmond volviendo la cabeza y acompañando ese movimiento con un gesto amistoso.
Y los dos amantes continuaron su camino, tranquilos y alegres como dos elegidos que suben al ParaÃso.