El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo El capitán Gaumard, repuesto de la indisposición que le había retenido en Palma, volvió a su vez. Dudaba en presentarse ante el señor Morrel, pero este supo de su llegada y fue a buscarle él mismo. El digno armador conocía por adelantado, por el relato de Penelon, la valiente conducta del capitán durante todo el siniestro, y fue él quien intentó consolarle. Le traía la suma de su sueldo, que el capitán Gaumard no se hubiese atrevido a pedir.