El Conde de Montecristo

El Conde de Montecristo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El día 1, Morrel llegó: toda la familia le esperaba con gran ansiedad; de ese viaje a París debía surgir su última vía de salvación. Morrel había pensado en Danglars, hoy día millonario y antaño su deudor, puesto que, gracias a la recomendación de Morrel, Danglars había entrado al servicio de un banquero español, donde había iniciado su inmensa fortuna. Hoy, se decía que Danglars era poseedor de seis a ocho millones, y que disponía de un crédito ilimitado. Danglars, sin sacar un solo escudo de su bolsillo, podía salvar a Morrel: no tendría más que garantizar un prestamo, y Morrel estaría salvado. Morrel había pensado desde hacía tiempo en Danglars, pero hay repulsiones instintivas de las que uno no es dueño, y Morrel había tardado todo lo posible en apelar a ese último recurso. Y había tenido razón, pues había regresado roto por la humillación y la negativa.

Pero, a su vuelta, Morrel no había exhalado ni una sola queja, no había proferido ninguna recriminación; había abrazado llorando a su mujer y a su hija, había dado la mano amigablemente a Emmanuel, se había encerrado en su despacho del segundo piso y había llamado a Coclès.

—Esta vez —dijeron las dos mujeres a Emmanuel—, esta vez estamos perdidos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker