El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo Los moccoli o moccoletti son velas que varían de grosor, desde el cirio pascual a la torcida de cera o cerilla larga, que despiertan entre los actores de la gran escena con la que concluye el carnaval romano dos preocupaciones opuestas:
1.ª La de conservar encendido su moccoletto.
2.ª La de intentar apagar el moccoletto de los demás.
Ocurre con el moccoletto como con la vida: el hombre no ha encontrado más que un medio de trasmitirla, y ese medio le viene de Dios.
Pero ha encontrado mil maneras de quitarla; es cierto que para esa operación suprema, el diablo le ha venido un poco en ayuda.
El moccoletto se enciende al acercarlo a una llama cualquiera.
¿Pero quién puede describir las mil maneras inventadas para apagarlo; los soplos gigantescos, los apagavelas monstruosos, los abanicos sobrehumanos?
Todo el mundo se apresuró, pues, a comprar moccoletti; Franz y Albert como los demás.
La noche caía rápidamente, y ya, al grito de: «Moccoli!», repetido por las estridentes voces de un millar de vendedores, dos o tres estrellas comenzaron a brillar por encima del gentío.
Fue como una señal.