El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —¡No soy yo, señor conde! —exclamó Morcerf—. Es otro a quien usted hizo el mismo favor que a mà y que usted le ha confundido conmigo. Al contrario, hablemos de ello, se lo ruego; pues si usted se decide a hablar de aquella circunstancia, quizá no solamente me diga usted un poco de lo que yo sé, sino también mucho de lo que no sé.
—Pero me parece —dijo el conde sonriendo— que usted tuvo un papel bastante importante en todo ese asunto como para saber tan bien como yo lo que pasó.
—¿Me promete usted que si yo digo todo lo que sé, usted me dirá todo lo que no sé? —dijo Morcerf.
—Es muy justo —respondió Montecristo.