El Conde de Montecristo
El Conde de Montecristo —Mi padre era girondino, señora —dijo—, es cierto; pero mi padre no votó la muerte del rey; mi padre fue proscrito por ese mismo Terror que usted proscribe, y faltó poco si no se vio con su cabeza en el mismo cadalso que vio caer la cabeza del padre de usted.
—Sà —dijo la marquesa, sin que ese recuerdo sangriento produjese la menor alteración de sus rasgos—; solamente que de haber subido ambos al cadalso, hubiera sido por principios diametralmente opuestos, y la prueba está en que toda mi familia quedó vinculada a los prÃncipes exiliados, mientras que el padre de usted se dio prisa en unirse al nuevo gobierno, y que después de que el ciudadano Noirtier fuera girondino, el conde Noirtier se convirtió en senador.
—Madre, madre —dijo Renée—, usted sabe que habÃamos convenido en que no se volverÃa a hablar de esos malos recuerdos.