El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Puede que tengáis razón —masculló el gobernador—. Una orden del rey es sagrada. Pero repito que las órdenes que llegan mientras estoy cenando, el diablo…
—Si vos hubieseis obrado asà con el gran cardenal y la orden hubiese tenido alguna importancia…
—Si he hecho lo que he hecho ha sido para no molestar a un obispo, lo cual me disculpa.
—No olvidéis que he sido soldado, y que acostumbro ver consignas en todas partes.
—¿Conque queréis?
—Quiero que cumpláis con vuestro deber, amigo mÃo, a lo menos en presencia de ese soldado.
—Esto es matemático; —dijo Baisemeaux. Y volviéndose hacia Francisco, añadió—: Que suban la orden del rey.
El soldado salió.