El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —¿Marchiali? ¡Je! ¡Je! Seldón.
—Tengo para mà que os engañáis, señor de Baisemeaux.
—Como que he leÃdo la orden…
—Y yo también.
—Y en ella he visto Seldón en letras gordas, asà —repuso el gobernador mostrando un dedo.
—Pues yo he visto Marchiali en letras asà —replicó Aramis alzando dos dedos.
—Aclarémoslo inmediatamente —dijo Baisemeaux, plenamente convencido de lo que afirmaba—. Basta leer el papel.
—Aquà esta. ¿Veis como dice Marchiali? —dijo Herblay desdoblando el papel—. Mirad.
—Es verdad —respondió el gobernador con ademán de terror y dejando caer los brazos.
—¿No os lo dije?
—¡Cómo!, ¡el hombre de quien tanto hemos hablado! ¡El hombre sobre quien me recomiendan incesantemente que vele!
—Ya lo veis, Marchiali —replicó el inflexible Aramis.
—Confieso que no entiendo jota, monseñor.
—Sin embargo, debéis dar crédito a vuestros ojos.
—¡Y decir que reza Marchiali!
—Y en buena letra.