El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Vuestra elocuencia me admira. Es verdad, un subalterno debe respetar a sus superiores, y es culpado cuando se engaña, y es castigado cuando infringe los deberes o las leyes del cargo que desempeña.
Baisemeaux fijó una mirada de extrañeza en el obispo.
—De lo cual se sigue —continuó Aramis— que para descargo de vuestra conciencia acudÃs a la consulta.
—SÃ, monseñor.
—Y si un superior os impone una orden, ¿la cumpliréis?
—Claro que sÃ, monseñor.
—¿Conocéis bien la firma del rey, señor de Baisemeaux?
—SÃ, monseñor.
—¿No está estampada al pie de esa orden de libertad?
—Es verdad, pero puede…
—Ser falsa, ¿no es verdad?
—Se han dado casos, monseñor.
—DecÃs bien. ¿Y la del señor de Lyonne?
—También figura en esa orden; pero asà como pueden falsificar la firma del rey, con tanta mayor razón pueden hacerlo con la del señor de Lyonne.