El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —SÃ, monseñor —prosiguió Aramis con voz sosegada—: un cardenal primer ministro de Francia, con ayuda del favor y del apoyo del rey cristianÃsimo; un cardenal a quien su amo y señor presta sus tesoros, sus ejércitos y su consejo, al aplicar únicamente a Francia sus recursos no cumplirÃa con los deberes a su cargo. Por otra parte —añadió Aramis dirigiendo una mirada escrutadora a Felipe—, vos no seréis un rey como vuestro padre, delicado, tardÃo y hastiado de todo, sino un rey inteligente y guerrero, y como tal, anheloso de ensanchar vuestros dominios, en los cuales yo os molestarÃa. Ahora bien, nuestra amistad debe no verse nunca, no diré alterada, pero ni siquiera levemente velada por un designio oculto. Yo os habré dado el trono de Francia, vos me daréis el trono de San Pedro. Cuando vuestra mano leal, firme y armada tenga por gemela la de un papa como yo seré, ni Carlos V, que ha poseÃdo los dos tercios del mundo, ni Carlomagno, llegarán a vuestra cintura. Como no tengo alianzas ni prevenciones, no os enfrascaré en la persecución de los herejes ni en las guerras de familia. Vos y yo nos compartiremos el universo, vos en lo temporal, yo en lo espiritual, y como yo moriré primero que vos, vuestra será mi herencia. ¿Qué os parece mi plan, monseñor?