El hombre de la máscara de hierro

El hombre de la máscara de hierro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Seguro de que Aramis había distribuido bien los criados, cuidado de hacer guardar las puertas, y preparado los alojamientos, Fouquet no se ocupó más que en el conjunto. Aquí, Gourville le mostró la disposición de los fuegos artificiales, allí Moliére lo condujo al teatro, hasta que por fin y después de haber visitado la capilla, los salones y las galerías, al bajar, rendido de cansancio, Fouquet se encontró en la escalera con Aramis, que le hizo una seña.

El superintendente se unió a su amigo, que le detuvo ante un cuadro apenas terminado, y al cual daba los últimos toques Le Brun, sudando, manchado de colores, pálido de fatiga y de inspiración. Era el esperado retrato del rey, con el traje de ceremonia.

Fouquet se colocó delante de aquel retrato, que, por decirlo así, respiraba, miró la figura, calculó el trabajo, se admiró, y no hallando recompensa digna de aquella hercúlea labor, echó los brazos al cuello del artista y lo estrechó contra su pecho.

Si para el artista fue aquel un momento de gozo, no así para el sastre Percerín, que iba tras Fouquet, y admiraba en la pintura de Le Brun el traje que él hiciera para Su Majestad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker