El hombre de la máscara de hierro

El hombre de la máscara de hierro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Las exclamaciones de Percerín fueron interrumpidas por la señal que dieron desde la torre del palacio. Más allá de Melún, en la llanura, los vigías de Vaux habían divisado el cortejo del rey y de las reinas: Su Majestad entraba en aquel momento en Melún con su larga fila de carrozas y jinetes.

—Dentro de una hora —dijo Aramis a Fouquet.

—¡Dentro de una hora! —exclamó el superintendente exhalando un suspiro.

—¡Y el pueblo que pregunta de qué sirven las fiestas reales! —prosiguió el obispo riéndose con hipocresía.

—¡Ay! también yo me lo pregunto y no soy pueblo —repuso Fouquet.

—Dentro de veinticuatro horas os responderé, monseñor. Poned buena cara, que es día de júbilo.

—Tanto si me creéis como si no, Herblay —designando con el dedo el cortejo de Luis en el horizonte—, sé deciros que aunque él no me quiere mucho ni yo le quiero más a él, a proporción que va acercándose…

—¿Qué?

—Me es sagrado, es mi rey, casi me es querido.

—¿Querido? lo creo —repuso Aramis haciendo hincapié en el vocablo—, como andando el tiempo hizo el padre Terray con Luis XV.

—No lo toméis a broma, Herblay; conozco que, de quererlo él, amaría a ese joven.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker