El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Feliz memoria la de Vuestra Majestad —dijo el intendente—; conocer en seguida qué mano ha escrito un documento, es una aptitud maravillosa para un rey destinado al trabajo.
Luis XIV leyó una carta de Mazarino, y como el lector ya la conoce desde el rompimiento entre la Chevreuse y Aramis, dejamos de citarla aquÃ.
—No comprendo bien —dijo el monarca hondamente interesado en aquel asunto.
—Vuestra Majestad no tiene todavÃa la práctica de los empleados de la intendencia.
—Veo que se trata de dinero entregado al señor Fouquet.
—Trece millones nada menos.
—¿Y esos trece millones faltan en el total de las cuentas? Repito que no lo comprendo bien. ¿Cómo puede ser que resulte ese déficit?
—Yo no digo que pueda o no pueda resultar, lo que digo es que resulta.
—¿Y la carta de Mazarino indicas el empleo de aquel dinero y el nombre del depositario?
—De ello puede convencerse Vuestra Majestad.
—Con efecto, de ella se deduce que el señor Fouquet aun no ha devuelto los trece millones.
—Asà resulta de las cuentas, Sire.
—¿Qué inferÃs de todo eso?