El hombre de la máscara de hierro

El hombre de la máscara de hierro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El rey obedeció y se sentó en la carroza, cuya puerta, almohadillada y con cerradura, se cerró inmediatamente que hubieron entrado aquél y su conductor. El otro cortó a los caballos trabas y cabestros, los enganchó y se encaramó en el pescante, en el que no había persona alguna. Al punto la carroza partió al trote camino de París, y al llegar al bosque de Senart relevó el tiro con otros dos caballos que esperaban atados al un árbol. La carroza entró en París a eso de las tres de la madrugada, echó por el barrio San Antonio, y después de haber invocado el nombre del rey para que el centinela no se opusiera a su paso, entró en el recinto circular de la Bastilla, que conducía al patio del gobierno, donde al pie de la escalinata se detuvieron los humeantes caballos.

—Que despierten al señor gobernador —dijo con voz de trueno el cochero al sargento de guardia, que acudió presuroso. Diez minutos después, Baisemeaux salió en bata a la puerta, y preguntó:

—¿Qué pasa?

El de la lamparilla abrió la portezuela de la carroza y dijo algunas palabras al cochero, que se bajó inmediatamente del pescante, tomó un mosquete que a sus pies tenía, y apuntó con él el pecho del preso.

—Si chista, fuego —añadió el que acababa de salir de la carroza.

—Está bien —replico el otro.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker