El hombre de la máscara de hierro

El hombre de la máscara de hierro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Cuidado! os hará encerrar en el calabozo.

—¡Quiero verlo!, ¿oís?

—¡Ah diantre!, ¿se os extravía la mirada? pues me llevo vuestro cuchillo.

Y diciendo y haciendo, el carcelero cerró la puerta y se marchó, dejando al rey más aturdido, más desventurado y más solo que nunca.

En vano empezó a golpear de nuevo la puerta con el palo de la silla; en vano arrojó fuentes y platos por la ventana; nadie le hizo caso.

Dos horas después, del rey, del caballero, del hombre, del ente razonable, no quedaba más que un loco que se arrancaba las uñas, arañando las puertas y haciendo esfuerzos sobrehumanos para desembaldosar el suelo, lanzaba tan espantosos gritos que no parecía sino que la vetusta Bastilla se conmovía en sus cimientos por haberse atrevido a rebelarse contra su amo y señor.

Baisemeaux ni siquiera se tomó la molestia de preguntar la causa de tanto ruido, porque ¿no eran los locos moneda corriente en la fortaleza, y los muros no eran, a su vez, más fuertes que los locos?

Baisemeaux, impresionado con lo que dijo Aramis, y escudado con la orden del rey, no deseaba sino que Marchiali se volviese suficientemente loco para ahorcarse del pabellón de su cama o de uno de los barrotes de su ventana.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker