El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro En efecto, aquel preso reportaba poca ganancia, y ocasionaba más molestias que las debidas. AsÃ, pues, de suicidarse el preso, habrÃan tenido un desenlace que ni a pedir de boca las complicaciones de Seldón y de Marchiali, y la libertad, reencarnación y semejanzas. Y aun creyó Baisemeaux haber notado que a Herblay no le habrÃa disgustado tal fin.
—Realmente —decÃa Baisemeaux a su mayor—, un preso es ya harto desdichado con estarlo, y padece lo bastante para que, caritativamente pueda uno desearle la muerte. Con tanta mayor razón cuando el preso se ha vuelto loco, entonces no habrÃa que limitarse uno a desearle la muerte, si no matarlo sin más averiguaciones, lo cual serÃa una buena obra.
Y el buen gobernador se hizo servir el segundo almuerzo.