El hombre de la máscara de hierro

El hombre de la máscara de hierro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La sombra de Fouquet

D’Artagnan, aun aturdido de su entrevista con el rey, se preguntaba si realmente se hallaba en Vaux, si era efectivamente el capitán de los mosqueteros, y Fouquet el propietario del castillo en el cual Luis XIV acababa de recibir hospitalidad. Y aquellas no eran reflexiones del hombre embriagado con los vinos del superintendente. Pero el gascón era hombre sereno, con solo tocar su espada transmitía a su moral, en las ocasiones solemnes, el frío del acero.

—Aquí estoy, históricamente envuelto en los destinos del rey y del ministro —dijo entre sí D’Artagnan al salir del real dormitorio—; constará que yo, segundón de Gascuña, he echado la mano a Nicolás Fouquet, superintendente de la hacienda de Francia. Mis descendientes, si los tengo, se envanecerán con este arresto. Hay que cumplir decorosamente la orden del rey. Todo el mundo es bueno para pedirle al señor Fouquet la espada, pero no todos son a propósito para custodiarlo sin promover protestas. ¿Qué hacer, pues para que el superintendente pase de la cúspide del favor al abismo de la desgracia?

Aquí D’Artagnan se puso sombrío que era una compasión; le asaltaron escrúpulos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker