El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro Y vos, mi querido Aramis —preguntó al conde sonriéndose—, ¿me acompañáis? La Fere está en el camino de Vannes.
—No, amigo mÃo —respondió el prelado—. Esta noche tengo una cita en ParÃs, y no puedo alejarme sin que se resientan graves intereses.
—Entonces —dijo Athos—, dejad que os abrace y me vaya. Señor de Baisemeaux, gracias por vuestra buena voluntad, y, sobre todo, por la muestra que de lo que se come en la Bastilla me habéis dado.
Athos abrazó a Aramis y estrechó la mano del gobernador, que le desearon el más feliz viaje, y salió con D’Artagnan.
Mientras en la Bastilla tenÃa su desenlace la escena iniciada en palacio, digamos lo que pasaba en casa de Athos y en la de Bragelonne.
Como hemos visto, Grimaud acompañó a su amo a ParÃs, asistió a la salida de Athos, vio cómo D’Artagnan se mordÃa los bigotes, y cómo su amo subÃa a la carroza, después de haber interrogado la fisonomÃa de los dos amigos, a quienes conocÃa de fecha bastante larga para haber comprendido al través de la máscara de su impasibilidad, que pasaba algo gravÃsimo.