El hombre de la máscara de hierro

El hombre de la máscara de hierro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En donde Porthos se convence sin haber comprendido

El digno Porthos, fiel a las leyes de la caballería antigua, se decidió a aguardar a Saint-Aignán hasta la puesta del sol. Y como Saint-Aignán no debía comparecer y Raúl se había olvidado de avisar a su padrino, y la centinela empezaba a ser más larga y penosa, Porthos se hizo servir por el guarda de una puerta algunas botellas de buen vino y carne, para tener a lo menos la distracción de hacer saltar de tiempo en tiempo un corcho y tirar un bocado. Y había llegado a las últimas migajas, cuando Raúl y Grimaud llegaron a escape.

Al ver venir por el camino real a aquellos dos jinetes, Porthos creyó que eran Saint-Aignán y su padrino. Pero en vez de Saint-Aignán, sólo vio a Raúl, el cual se le acercó haciendo desesperados gestos y exclamando:

—¡Ah!, ¡mi querido amigo! perdonadme, ¡qué infeliz soy!

—¡Raúl! —dijo Porthos.

—¿Estáis enojado contra mí? —repuso el vizconde abrazando a Porthos.

—¿Yo?, ¿por qué?

—Por haberos olvidado de ese modo. Pero ¡ay! tengo trastornado el juicio.

—¡Bah!

—¡Si supieseis, amigo mío!

—¿Lo habéis matado?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker