El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Al aposento del señor Fouquet; quiero gozar de su contento.
—¡Si supierais lo que habéis dado que pensar! —repuso D’Artagnan.
—Pero ahora comprendéis, ¿no es as� —replicó Herblay.
—¡Pues no he de comprender! —respondió en voz alta el mosquetero. Y entre sà añadió—: Pues no comprendo ni pizca; pero lo mismo da, aquà traigo la orden. —Luego dijo al prelado—: Adelante, monseñor.
D’Artagnan condujo a Aramis al dormitorio de Fouquet.