El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Desde que lo efectuaron he tenido tiempo de reflexionarlo, y casi jurarÃa que los celos han influido algo. Mi fiesta ha contrariado a Colbert, y Colbert ha hallado contra mà algún plan, el de Belle-Isle, pongamos por caso.
—No, todavÃa no hemos llegado a eso.
—¿Por qué?
—¿Os acordáis de aquellos resguardos de trece millones que os hizo robar Mazarino?
—SÃ, ¿y qué?
—Que por este lado ya os declaran ladrón.
—¡Válgame Dios!
—No todo para aquÃ. ¿Recordáis la carta que escribisteis a La Valiére?
—¡Ay! es verdad.
—Pues sois traidor y sobornador.
—¿Por qué me ha perdonado pues, el rey?
—TodavÃa no hemos llegado a ese punto de nuestra argumentación. Lo que yo quiero es que ante todo quedéis bien impuesto de vuestra situación. El rey sabe que sois malversador de caudales del Estado… ¡Qué diantre!, ya sé yo que no habéis malversado un ardite; pero sea lo que fuere, Su Majestad no ha visto los resguardos, y, por lo tanto, no puede menos de teneros por criminal.
—Con todo eso, no veo…