El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —¿Habéis visto al señor Fouquet? —preguntó Aramis al gascón.
—SÃ, hace poco, en su carroza.
—¿Qué os ha dicho?
—Adiós.
—¿Nada más?
—¿Qué más querÃais que me dijese?
—Escuchad —dijo Aramis abrazando al mosquetero—, vuelve a brillar el sol para vos: en adelante no tendréis que envidiar a nadie.
—¡Bah!
—Os predigo para hoy un acontecimiento que mejorará en tercio y quinto vuestro estado.
—¿De veras?
—Ya sabéis que yo estoy al corriente de noticias.
—SÃ, sé.
—Porthos, ¿estáis?
—Partamos —exclamó el gigante.
—Y abracemos a D’Artagnan —añadió Aramis.
—Con toda el alma ¿Y los caballos?
—No faltan aquà —repuso el gascón—. ¿Queréis el mÃo?
—Gracias, Porthos tiene su caballeriza. Adiós D’Artagnan.