El hombre de la máscara de hierro

El hombre de la máscara de hierro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El centinela cruzó la pica ante el ministro; pero éste, que era robusto y ágil, y, además, estaba exasperado, arrancó de las manos del soldado la pica y con ella le santiguó de firme las espaldas, sin olvidar las del sargento, que se acercaba en demasía. Los apaleados pusieron el grito en el cielo, y a sus voces salió todo el cuerpo de guardia de la avanzada, entre cuyos individuos hubo uno que conoció a Fouquet y que, al verlo, exclamó:

—¡Monseñor!… ¡monseñor!… ¡Amigos!, ¡deteneos! Efectivamente, el que de tal suerte acababa de expresarse detuvo a los guardias, que se disponían a vengar a sus compañeros.

Fouquet ordenó que abriesen la reja; pero le objetaron que la consigna lo prohibía. Entonces mandó que avisaran al gobernador; pero éste, ya informado de lo que sucedía, se adelantaba apresuradamente blandiendo la espada a la cabeza de veinte soldados y seguido del mayor, en la persuasión de que atacaban la Bastilla.

Baisemeaux, al conocer a Fouquet, dejó caer la espada, y con tartamuda lengua dijo:

—¡Ah! monseñor, perdonad…

—Os felicito, caballero —repuso Fouquet, sofocado—; el servicio de la fortaleza se hace a las mil maravillas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker