El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Por favor, monseñor…
—Está bien. Conducidme al calabozo del preso.
—¿Al calabozo de Marchiali?
—¿Quién es Marchiali?
—El preso que ha traÃdo el señor de Herblay esta noche.
—¿Le llaman Marchiali? —preguntó el superintendente, turbado en sus convicciones por la ingenua seguridad de Baisemeaux.
—SÃ, monseñor, bajo tal nombre está inscripto en el registro de la Bastilla.
Fouquet sondeó con la mirada el corazón de Baisemeaux, y con la claridad que da el hábito del poder, vio en él la sinceridad más absoluta.
—¿Ese Marchiali es el preso que el señor de Herblay se llevó anteayer?
—SÃ, monseñor.
—¿Y le ha traÃdo nuevamente esta noche? —añadió con viveza el superintendente, que al punto comprendió el mecanismo del plan de Aramis.
—SÃ, monseñor.
—¿Y se llama Marchiali?
—Esto es. Si monseñor viene para llevárselo, mejor; porque iba a escribir otra vez respecto de él.
—¿Qué ha hecho?