El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —No es eso lo que quise decir, señor Fouquet —dijo el rey, disgustado de haber dado a conocer la mala disposición de su ánimo—; lo que quise decir es que a pesar de la máscara con que el miserable Herblay se cubrÃa el rostro, he tenido como un presentimiento de que era él. Pero al caudillo de la empresa le acompañaba un hombre de pelo en pecho, que me amenazaba con su fuerza hercúlea.
—¿Quién es?
—Debe ser su amigo el barón de Vallón, el antiguo mosquetero.
—¿El amigo de D’Artagnan y del conde de La Fere? No es para desperdiciarla esta relación entre los conspiradores y el señor de Bragelonne.
—Sire, Sire, os avanzáis en demasÃa. El señor conde de La Fere es el hombre más de bien que hay en Francia. Contentaos con lo que pongo en vuestras manos.
—Corriente, porque eso quiere decir que ponéis en mis manos a los culpables.
—¿Qué interpretación da Vuestra Majestad a mis palabras? —preguntó Fouquet.
—Entiendo que vamos a llegar a Vaux con las tropas, y que no va a escapar ni uno de cuantos forman aquel nido de vÃboras.
—¡Qué! ¿Vuestra Majestad va a matar a los suyos? —exclamó Fouquet.
—¡Hasta el último!