El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Me basta —repuso Herblay sonrojándose—. Ahora, dadme vuestros dos mejores caballos para el segundo relevo, pues so pretexto de un viaje que el señor de Beaufort hace por estos parajes, me los han negado en el relevo cercano.
—Tendréis mis dos caballos mejores, Aramis, y os recomiendo a Porthos.
—Nada temáis. Dos palabras más; ¿os parece que hago para con él lo que debo?
—Estando, como está hecho el mal sÃ; porque el rey no lo perdonarÃa, y luego, por más que él diga, siempre tenéis un apoyo en el señor Fouquet, que nos os abandonará, ya que no obstante su heroico comportamiento, también está muy comprometido.
—DecÃs bien. He ahà por qué en vez de embarcarme inmediatamente, lo que darÃa a comprender mi temor y me harÃa culpable voy a quedarme en territorio francés. Pero Belle-Isle será para mà el territorio que yo quiera: inglés, español o romano, todo consiste en el pabellón que yo enarbole.
—¿Cómo as�
—Yo soy quien ha fortificado a Belle-Isle, y mientras yo la defienda, no habrá quien ponga la planta en ella. Además de que, como vos lo habéis dicho hace poco, puedo contar con el señor Fouquet, lo cual quiere decir que sin el consentimiento del superintendente no atacarán a Belle-Isle.