El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Es menester que escriba a la señorita de La Valiére.
—No es menester.
—¡Tengo tanto que decirle!
—Pues id a decÃrselo a ella.
—¡Nunca!
—Luisa ama al rey —dijo brutalmente D’Artagnan—; es una muchacha honrada.
Raúl se estremeció.
—Y a pesar de haberos abandonado, puede que os ame más que al rey, pero de otra manera.
—¿Creéis firmemente que Luisa ame al rey, señor de D’Artagnan?
—Hasta la idolatrÃa. Su corazón es inaccesible a todo afecto. Si continuaseis viviendo a su lado llegarÃais a ser su mejor amigo.
—¡Ah! —exclamó Raúl con arranque apasionado ante aquella esperanza dolorosa.
—¿Queréis?
—SerÃa una cobardÃa.