El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro Athos exigÃa el respeto a la majestad caÃda.
El preso se volvió, al tiempo que Saint-Mars decÃa:
—¿Quién ha hablado?
—Yo —respondió D’Artagnan, mostrándose en seguida—. Ya sabéis que esta es la orden.
—¡No me llaméis caballero ni monseñor! —dijo a su vez el preso con voz que conmovió a Raúl hasta lo más hondo de sus entrañas—; ¡llamadme maldito!
El preso siguió adelante, y tras él chirrió la férrea puerta.
—¡He ahà un hombre desventurado! —exclamó con voz sorda D’Artagnan, mostrando a Raúl el calabozo del prÃncipe.