El hombre de la máscara de hierro

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En aquel momento llenó los aires el redoble de los tambores: de la ciudad salieron los regimientos que debían formar parte de la expedición, cinco en todo, compuestos cada uno de cuarenta compañías. El regimiento Real, que abría la marcha y que se distinguía por el uniforme blanco con vivos azules de sus soldados, llevaba desplegadas sus banderas de ordenanza, color de violeta y de hoja seca, sembradas de flores de lis de oro y acuarteladas en cruz, y su bandera coronela, blanca con la cruz flordelisada, que sobresalí de las demás. Formaban las alas del mencionado regimiento las compañías de mosqueteros, y el centro de los piqueros, horquilla en mano y mosquete en el hombro aquéllos, y los últimos con sus lanzas de catorce pies, y unos y otros avanzaban alegremente hacia las barcas de transporte que debían conducirlos por secciones a las naves. Al regimiento Real seguían los de Picardía, Navarra, Normandía y el de la capitana, y cerraba la marcha, seguido de su estado mayor, el señor de Beaufort, que en la elección de las tropas había demostrado ser capitán peritísimo.

Faltando todavía más de una hora para embarcarse, Raúl y Athos se encaminaron pausadamente a la orilla para ocupar su sitio en el instante en que pasaba el príncipe.

Grimaud, lleno de ardor, hacía transportar a la capitana el equipaje de Raúl.


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