El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Como no conocéis al hombre a quien tenéis ante vos, os lo presento. En los cargos subalternos no pasa de ser un mediano servidor; pero si le elevo a la cima, será un grande hombre.
—¡Sire! —tartamudeó Colbert, fuera de sà de gozo y de temor.
—Ahora comprendo —dijo D’Artagnan al oÃdo del rey—: estaba celoso.
—Eso es, y sus celos le ataban las alas.
—En adelante será una serpiente —murmuró el mosquetero con un resto de odio contra su adversario de hacÃa poco.
Pero Colbert se acercó a D’Artagnan con fisonomÃa tan diferente de la habitual, se presentó tan bueno, tan franco, tan comunicativo, y sus ojos cobraron una expresión de inteligencia tan noble, que el mosquetero, que era gran fisonomista, se sintió conmovido casi hasta el extremo de cambiar sus convicciones.