El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Acercaos —dijo Aramis a los de las hachas de viento.
Aramis leyó con avidez las siguientes lÃneas:
Manda el rey que me apodere de Belle-Isle, que pase a cuchillo a la guarnición si se resiste, o la haga prisionera de guerra. Anteayer arresté al señor Fouquet para enviarle a la Bastilla.
D’Artagnan.
—¿Qué pasa? —preguntó Porthos al ver que Aramis estrujaba la carta.
—Nada, amigo mÃo, nada. —Y volviéndose hacia Jonatás añadió—: ¿Has hablado con el señor de D’Artagnan?
—SÃ, monseñor.
—¿Qué te ha dicho?
—Que para más amplios informes hablará con vos.
—¿Dónde?
—A bordo de su buque. El señor mosquetero —continuó Jonatás— me ha dicho que os tome a vos y al señor ingeniero en mi bote y os lleve a su buque.
—Vamos allá —dijo Porthos—; ¡oh! buen D’Artagnan.
—¿Estás loco? —exclamó Aramis deteniendo a su amigo. ¿Quién os asegura que no nos armen un lazo?
—¿El otro rey? —dijo Porthos con misterio.
—Sea lo que fuere es un lazo, y es cuanto puede decirse, amigo mÃo.