El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Puede que sÃ. ¿Qué hacemos, pues? Sin embargo, si D’Artagnan nos envÃa a buscar…
—¿Quién os asegura que sea D’Artagnan?
—¡Ah!… Pero la letra es suya…
—Cualquiera falsea la letra, y ésta está falsificada, trémula.
—¿Qué hago? —preguntó Jonatás.
—Te vuelves a bordo —respondió Aramis—, y le dices al capitán que le rogamos que venga él en persona a la isla.
—Comprendo —repuso Porthos.
—Está bien, monseñor —dijo el piloto—, pero ¿y si rehúsa venir?
—Si rehúsa, haremos uso de los cañones, que para eso los tenemos.
—¿Contra D’Artagnan?
—Si es D’Artagnan —replicó Aramis—, vendrá. Ve, Jonatás, a bordo.
—Por quien soy que no entiendo nada —murmuró Porthos.
—Ha llegado el momento de hacéroslo comprender todo, amigo mÃo —dijo Herblay—. Sentaos en esta cureña y escuchadme atentamente.
Aramis tomó la mano de su amigo y dio comienzo a sus explicaciones.