El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Caballero, al enviar yo un bote aquÃ, os habéis empeñado en saber lo que escribÃa yo a los defensores de Belle-Isle, y en cuanto me habéis exhibido una orden, os he mostrado el billete; luego, al regresar a bordo el patrón portador de la respuesta de estos caballeros —añadió D’Artagnan designando con la mano a Herblay y a Porthos—, habéis oÃdo todo cuanto ha dicho el mensajero. Esto entra en las órdenes que habéis recibido y seguido puntualmente, ¿no es verdad?
—SÃ, señor —respondió el oficial—, pero…
—Cuando he manifestado la intención de venir a Belle-Isle —prosiguió D’Artagnan amostazándose cada vez más—, habéis exigido acompañarme y he accedido sin oposición. Ya estáis en Belle-Isle, ¿no es as�
—SÃ, señor, pero…
—Pero… no se trata ya del señor Colbert o de quien os haya dado la orden de la que seguÃs las instrucciones, sino de un hombre que estorba al señor de D’Artagnan, y con él se encuentra solo en las gradas de una escalera bañada por treinta pies de agua salada; lo cual es una mala posición para el hombre ese, os lo advierto.
—Si os estorbo, señor de D’Artagnan —dijo con timidez el oficial—, mi servicio es el que…