El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Es verdad —exclamó el oficial—, y aun añadirÃa que no habÃa soldados como vosotros, si no temiese ofender la memoria de mi padre.
—¿De vuestro padre? —repuso Aramis.
—SÃ, ¿sabéis cómo me llamo? Me llamo Jorge de Biscarrat.
—¿Biscarrat?… —repuso Aramis recorriendo su memoria—. Creo…
—Buscad bien —dijo el oficial.
—¡Voto al diablo! —exclamó Porthos—, no hay para qué pensar mucho, Biscarrat, alias Cardenal… fue uno de los cuatro que vinieron a interrumpirnos el dÃa que espada en mano nos hicimos amigos de D’Artagnan.
—Esto es, señores.
—El único a quien no herimos —añadió Aramis.
—Es decir que era un espadachÃn —repuso el prisionero.
—Es cierto, muy cierto —dijeron a una los dos amigos—. Plácenos conocer a un hombre tan bravo.
Biscarrat estrechó las manos que le tendieron los dos antiguos mosqueteros.
Aramis miró a su amigo como diciéndole: «Éste va a ayudarnos», y luego dijo:
—¿Verdad que el haber sido hombre digno le enorgullece a uno?
—Eso mismo se lo oà siempre a mi padre.