El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —No; vedle —repuso uno de los oficiales mostrando a Biscarrat, que en aquel instante apareció en la entrada de la caverna. Y luego añadió—: Vamos allá a ver qué nos quiere, pues nos hace seña de que nos acerquemos.
—¡Vamos! —repitieron todos adelantándose al encuentro de Biscarrat.
—Señor de Biscarrat —dijo el capitán dirigiéndose al joven—, me aseguran que vos conocéis a los que están en la gruta y hacen una defensa tan desesperada. AsÃ, pues, en nombre del rey, os intimo que declaréis cuanto sepáis.
—Mi capitán —contestó Biscarrat—, no tenéis ya necesidad de intimarme, pues vengo en nombre de ellos.
—¿A decirme que se rinden?
—No, señor, sino a deciros que están decididos a defenderse hasta la muerte si no les conceden buenas condiciones.
—¿Cuántos son?
—Dos —respondió Biscarrat.
—¿Dos y quieren imponernos condiciones?
—Dos son, capitán —repuso Biscarrat—, y nos han matado ya diez compañeros.
—¿Qué hombres son esos, pues? ¿Por ventura son titanes?