El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Creedme, pasemos de largo. ¿Qué ganaremos combatiéndolos?
—Ganaremos la conciencia de no haber hecho retroceder a ochenta guardias del rey ante dos rebeldes. Si escuchase vuestro consejo, señor de Biscarrat, serÃa hombre deshonrado, y al deshonrarme, deshonrarÃa al ejército.
El capitán se hizo describir por Biscarrat y sus compañeros el interior del subterráneo, y cuando le pareció saber bastante, dividió la compañÃa en tres secciones, que debÃan entrar sucesivamente haciendo fuego graneado en todas direcciones.
Sin duda en aquel ataque sucumbirÃan cinco hombres más, diez quizá; pero acabarÃan por apresar a los rebeldes, ya que la caverna no tenÃa salida, y por mucho que hicieran, dos hombres no podÃan acabar con ochenta.
—Reclamo el honor de ponerme al frente del primer pelotón, mi capitán —dijo Biscarrat.
—Bien —respondió el capitán.
—Gracias —dijo el joven con la entereza de los de su estirpe.
—¡Qué! ¿Os vais sin espada?
—SÃ, tal cual estoy, mi capitán —dijo Biscarrat—; porque no voy para matar, sino a que me maten.
Y poniéndose al frente del primer pelotón, con la cabeza descubierta y los brazos cruzados, añadió:
—¡Marchen!