El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Ni a vos ni a mĂ nos matarán si hacĂ©is lo que yo os diga —repuso Aramis, a quien las palabras de su amigo le habĂan penetrado en el corazĂłn como un puñal.
—Decid, pues.
—Los soldados van a internarse en la gruta, y a lo sumo mataremos catorce o quince.
—¿Cuántos son? —preguntó Porthos.
—Les ha llegado un refuerzo de setenta y cinco hombres.
—Que con los cinco hacen ochenta —dijo Porthos.
—Si nos envĂan una descarga cerrada nos acribillan a balazos.
—Tomemos pronto una resolución. Nuestros bretones van a continuar en su tarea, y nosotros nos traemos aquà pólvora, balas y mosquetes.
—Reflexionad que los dos no conseguiremos disparar tres mosquetes a un tiempo —dijo candorosamente Porthos—. No me parecen bien los mosquetes.
—¿QuĂ© harĂais vos?
—Voy a emboscarme tras el pilar con esta barra de hierro, y asĂ, invisible e inatacable, cuando hayan entrado a oleadas, descargo mi barra sobre los cráneos treinta veces por minuto. ÂżQuĂ© os parece el proyecto? ÂżOs place?