El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro Breve, pero magnÃfico fue el espectáculo que ofreció aquel coloso, pálido, ensangrentado y con el rostro iluminado por el fuego de la mecha que en la obscuridad ardÃa. Los soldados al verlo, al ver el barril que en la mano sostenÃa, comprendieron lo que iba a pasar, y aterrados, lanzaron un grito de agonÃa. Unos intentaron huir, pero se encontraron con la tercera brigada que les cerró el paso, los otros apuntaron maquinalmente e hicieron fuego con sus descargados mosquetes; otros cayeron de hinojos, y dos o tres oficiales prometieron a Porthos la libertad si les concedÃa la vida.
El teniente de la tercera brigada repetÃa la voz de fuego, pero los guardias tenÃan ante sà a sus despavoridos compañeros que servÃan de muralla viviente a Porthos.