El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro Los tres hombres soltaron la palanca, que rodó sobre la tumularia peña; luego, jadeante, descolorido, con el pecho oprimido y el corazón a punto de rompérsele, Aramis prestó oído atento. Nada se oía: el gigante dormía el sueño eterno en la sepultura que Dios le había dado conforme a su grandeza.