El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —SÃ.
—¿Qué ordenáis?
—Aceptad.
—Pero ¿y vos, monseñor?
—Aceptad —repitió Aramis inclinándose hasta la borda y mojando las yemas de sus blancos y puntiagudos dedos en la verdosa agua del mar, a la cual miraba sonriéndose como a una amiga.
—Aceptamos —respondieron los bretones—; pero ¿qué garantÃas se nos da?
—La palabra de un caballero —dijo el oficial—. Por el nombre y por el uniforme que visto juro que se os respetará la vida a todos, menos al señor caballero de Herblay. Soy teniente de la fragata del rey «Pomona», y me llamo Luis Constant de Pressigny.