El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —A esto me ha obligado vuestra desobediencia —repuso Luis XIV haciendo caso omiso de la zumba y sosteniéndose serio.
—¡Mi desobediencia! —exclamó D’Artagnan encendido por la cólera.
—Es la palabra más suave que he hallado —prosiguió Luis—. Mi plan era tomar y castigar a los rebeldes, y si los rebeldes eran amigos vuestros, ¿no me habÃa de inquietar?
—También yo debà hacer lo mismo —arguyó el mosquetero—, porque fue una crueldad, Sire, enviarme a tomar a mis amigos para conducirlos a vuestras horcas.
—Quise hacer una prueba con los servidores que comen mi pan y están obligados a defender mi persona; y ya veis, la prueba ha salido mal.