El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —Basta, señor de D’Artagnan, basta de esos intereses avasalladores que perturban los mÃos. Fundo un Estado en el cual no habrá más que un señor, como ya en otra ocasión os dije, y ha llegado la hora de hacer buena mi palabra. Si obedeciendo a vuestros gustos o a vuestras amistades os empeñáis en contrarrestar mis planes y en salvar a mis enemigos, tengo que anularlos o separarme de vos. Buscad un amo que os valga más. Ya sé que otro rey no se portarÃa como yo, y que se dejarÃa dominar por vos, a riesgo de que os enviara a hacer compañÃa al señor Fouquet y a los demás; pero yo tengo buena memoria, y para mà los servicios son tÃtulos sagrados a la gratitud y la impunidad. No llevaréis más castigo por vuestra indisciplina que esta lección, pues quiero imitar a mis predecesores en su cólera, ya que no les he imitado en facilitar los favores. Además, otras razones me mueven a trataros con blandura, sois hombre de buen sentido y de gran corazón, y seréis un buen servidor de quien os tome; vais a cesar de tener motivos de insubordinación. Yo he destruido o arruinado a vuestros amigos; he hecho desaparecer los dos puntos de apoyo en los cuales descansaba instintivamente vuestro caprichoso carácter. A estas horas mis soldados han matado o hecho prisioneros a los rebeldes.