El hombre de la máscara de hierro
El hombre de la máscara de hierro —¡Válgame Dios, no se mueve! —dijo entre sà D’Artagnan acercándose al pobre mayordomo para consolarle—; se ha desmayado.
D’Artagnan se engañaba: Mosquetón estaba muerto, como el perro que ha perdido a su amo y va a expirar sobre la ropa de éste.