El hombre de la máscara de hierro

El hombre de la máscara de hierro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El halconero se engañaba; durante los últimos cuatro años el mosquetero había envejecido por doce. En las comisuras de los ojos el tiempo le había impreso sus implacables garras; tenía despoblada la frente, y sus manos, antes morenas y nervudas, blanqueaban como si en ellas empezara a enfriarse la sangre.

D’Artagnan se acercó con el ademán de afabilidad, propio de los hombres de valer, al halconero y al perrero, que le saludaron con el mayor respeto.

—¡Qué feliz casualidad el veros por aquí, señor de D’Artagnan! —exclamó el halconero.

—Yo soy quien debería decir tal, señores —replicó D’Artagnan—, pues en nuestros días el rey se sirve con más frecuencia de sus mosqueteros que de sus halcones.

—¡Quién volviera a aquellos tiempos! —exclamó el halconero exhalando un suspiro.

—¿Os acordáis, señor de D’Artagnan, de cuando el difunto rey cazaba con urraca por las viñas del otro lado de Beaugenci? Entonces no erais capitán de mosqueteros.

—Y vos, sólo erais cabo de terzuelos —repuso D’Artagnan con jovialidad—. No importa; ello es que aquel era un buen tiempo, como lo es siempre el de la juventud… Buenos días, señor capitán perrera.

—Me hacéis mucho favor, señor conde —repuso el saludo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker